La humildad
La humildad es la disposición fundamental para el crecimiento espiritual.
Los verdaderos místicos no buscan reconocimientos, ni desean impresionar a los demás.
San Juan de la Cruz era consciente de los engaños bajo la careta del bien, se quiere hacer más, mejor y a más gente. En realidad, a los místicos les interesa poco hacer grandes obras, ni muchas tampoco. Lo que pretenden es la pureza de conciencia, el que su motor sea el amor y llegar hasta el Dios que está en su interior, unirse con Él y ambos ser Uno.
Los místicos han dado pruebas fehacientes de su humildad:
Jesús, el Maestro, lavó los pies de sus discípulos como acto de humildad y los monjes zen piden limosna humildemente, intentan que esta virtud esté bien cimentada en su conciencia y en su alma.
Entre más evolucionado se es más humilde, pues sin esa virtud no se puede avanzar, el orgullo nos frena en nuestro camino espiritual.
Es muy difícil llegar a la plenitud de la humildad, como cita San Agustín de Hipona:
"La humildad es algo muy extraño. En el momento mismo en el que creemos tenerla ya la hemos perdido".
¡Cuanto cuesta ser humilde!
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